Ayer estaba leyendo un best seller que me prestó una amiga llamado "Cómo ser una mamá cruasán" que básicamente habla sobre cómo es la crianza de los niños franceses versus los niños americanos (o mejor dicho estadounidenses) y automáticamente y como de esperar comencé a evaluar mi desempeño como mamá de mi bollito de amor. Me auto pregunté si lo hacía bien o mal; obviamente como una buena mujer que padece de constantes trastornos de ansiedad, comencé a ver solo mis errores y automáticamente apareció la odiosa culpabilidad. Culpabilidad por no ser una madre perfecta y que no se me ocurriera antes hacer las cosas bien desde un principio y no tener una mentalidad más moderna. Lo cierto es que estoy lejos de ser una madre por decir "normal" y de hecho soy bastante bruta en un montón de aspectos (a veces no calculo bien los espacios del auto o de la casa sobre todo cuando tengo a la bebé en brazos o cuando la tengo que bañar), olvido muchas veces darle sus vitaminas y al cabo de un rato y cuando me acuerdo se las doy como por dos dosis y lo que es fatal, sobre todo al final de la noche, es olvidar que debo poner a hervir agua para echarla en el termo y prepararle sus mamaderas. No, si yo soy el ejemplo vivo de una mamá muy desorganizada. Entonces cuando hago memoria de estas cosas, pienso que de verdad me falta leer hasta el final este librito y lograr convertirme en una mami franchuta...
Sin embargo, me cuesta tanto lidiar con los tiempos sobre todo cuando la bebé llora y llora; bajo a la cocina y todo es un desastre y parece que el desorden se acrecenta más y más y con ello también nace la idea de pasar un par de días sola tomando una piña colada de guatita al sol en una playa paradisíaca. Quiero recalcar que amo a mi hija, pero de verdad a veces me supera; es una bebé de 2 meses con casi cinco kilos de actitud y mucha pero mucha personalidad que absorbe todo mi tiempo y paciencia. Le doy pechuga todo el día hasta que me deja seca, le cambio los pañales en cuanto se hace caca o pipi, le saco magistralmente sus chanchitos y peitos y la mantengo abrigadita, pero nada la calma cuando le dan sus ataques de rebeldía (o los chuckies como su papá y yo le decimos), que básicamente se traducen en un festival de gritos, pataletas, llantos y una que otra lágrima que luego se transforma en pucheritos que acaban por manipularme y hacerme sentir mala y demoníaca por no entender sus peticiones. En esos momentos quisiera hacerme una bolita y esconderme hasta que la princesita tenga cinco años o al menos hasta una edad que ya se sepa alimentar sola. Luego de este pensamiento en menos de diez segundos aparece otra vez la señora CULPABILIDAD.
La verdad es que ya no sé cuántas veces me reúno con esta señora en el día; calculo que deben ser de tres a cinco veces que me castigo mentalmente por estos pensamientos tan egoístas y desnaturalizados.
Al menos dos veces al día me gustaría escapar, una vez al día quisiera devolver a mi hija, una vez al día me gustaría estar a solas con mi marido y la restante quisiera volver a trabajar; esa es mi santa verdad y cuando pienso en estas cosas me siento el doblemente mal. Al final, se transforma en un círculo vicioso difícil de ocultar, tanto así que ya mi marido en una conversación me planteó la posibilidad de buscar a alguien que me ayudara al menos dos días con la bebé para que yo pueda tener un poco de tiempo para mi, para ir al gimnasio, hacer trámites, etc. Por supuesto mi respuesta fue : "lo voy a pensar" y digo que lo haré así porque aunque quiera mi vida anterior devuelta no consigo desatarme de la depresión postparto y sus múltiples aprehensiones; o sea con suerte permito que mi suegra o mi mamá tomen en brazos a mi pequeña o que incluso le digan "mi niña". y ante esta aseveración debo confesar que no tienen idea lo difícil y molesto que es para mi cuando vienen a verla. De verdad trato de disfrutar la compañía y la ayuda, pero en lugar de eso hace que me sienta como leona enjaulada y siempre al acecho mirando de cerca a su cachorra. Literalmente, siento que me la quieren quitar y se quieren adueñar de ella, o sea es una calvario recibirlas como visitas. Sin embargo, entiendo que son las abuelas y que tienen un poquito de derecho a estar cerca de mi nena.
Entonces, ¿cómo mierda hago para sentirme menos culpable, si más encima tengo el pensamiento constante de borrar a las abuelas de mi hija completamente del plano? y ¿cómo mierda voy a permitir que otra persona se haga cargo de mi nena para yo pasar un rato a solas ? ¿Quién chucha me va a entender con esta ensalada de contradicciones? y cuando manifiesto estas interrogantes me acuerdo de lo que me dijo mi psiquiatra en mi última consulta:
"Escúchame bien, antes de los tres meses debes dejar que la guagua se relacione con otras personas que no seas tú porque de lo contrario no podrás siquiera salir de una pieza sin que la niña llore porque le falta tu presencia." y agregó "si no me haces caso, te vas a estresar y las crisis de pánico volverán. Debes entender que las guaguas son algo así como un parásito que saben manipular a sus padres"
Aunque en ese momento sus palabras me parecieron una exageración, hoy debo decir que tenía mucha razón excepto por el término "parásito"; mi guagua me manipula y conoce perfectamente mis debilidades; es mi Némesis de emociones y pese a que lo entiendo no logro lidiar con mis contradicciones y creo que mi depresión postparto ya se instaló cómodamente en el living de mi casa.

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