Desde que tengo uso de memoria he tratado de eludir las peleas y los sentimientos de negatividad, ya que desde muy chica tuve que aprender a sobrevivir dentro de un mundo de discordialidades familiares y constantes quiebres que para una niña de cinco años constituía un factor de normalidad. Pero con el tiempo aprendí que a veces estos momentos de pugna y guerra de situaciones te conducen a que seas capaz de elegir entre variadas opciones que, de alguna manera, te conducen a la tan manoseada FELICIDAD. Tal como dice una canción del Chico Montaner (yo le digo así al cantante venezolano porque me cae bien)"la vida te da motivos para el llanto y la tristeza y no te perdona la felicidad si ganas, hay que pagar la felicidad"... ¡Puta que tiene razón y eso lo he aprendido con creces. La felicidad nace a partir de la rabia o de algún momento donde tuviste que derramar una par de lágrimas por alguna situación sencilla de la vida cotidiana como cuando tu gato o perro estropean tu par de zapatos favoritos o tu hermana chica encuentra tu maquillaje que con tanto esfuerzo haz ido comprando y de pronto utiliza tus sombras y labiales como lápices o acuarelas, o bien a partir de situaciones complicadas como rupturas amorosas o el fin de una amistad supuestamente inquebrantable. Sea como sea la rabia aplica para todo por igual o al menos así lo percibo porque para mi ésta es fatal e imperdonable en ambos casos y no porque sea exagerada sino que es parte de uno de mis rasgos obsesivos que son familiares cercanos a lo que los psicólogos llaman "Trastorno de ansiedad". En fin, lo cierto es que por muchos años manejé la rabia o al menos lo intenté y logré que tuviera una duración de no más de un par de horas por lo que puedo agregar que me sirvió bastante como solución parche. Digo parche porque al cabo de unos días la rabia iba creciendo y creciendo como una enorme bola de nieve que estallaba, normalmente, a fin de cada año justo en vísperas de año nuevo.
Sin embargo, desde que me convertí en madre, a parte de luchar todos los días con mis hormonas, he captado que la rabia se ha vuelto algo así como mi BFF (mi mejor amiga favorita) y cuando se instala en mi pensamiento se queda ya no solo por unas horas o minutos sino que por días y hasta diría que se sienta a tomar el té cómodamente conmigo sin ningún tipo de culpa. Y lo que es peor parece que su visita me mantiene lo suficientemente ocupada y hasta entretenida. La cosa es que todo empeora cuando una madre siente rabia, ya que no existe fórmula perfecta para disipar este prolongado momento de enojo, pero sí existen miles de frases, metáforas y eufemismos que se generan para contraatacar al autor que te propinó este indeseable estado.
Cuando la rabia se instala en la piel no hay nada que te detenga ni siquiera tu marido cocinándote algo rico para hacer mérito después de haberse mandado alguna cagá, ni siquiera los buenos deseos de tu madre o suegra para que te tranquilices; NO, nada augura la despedida fugaz de mi BFF.
Conforme los días pasan, la rabia provoca que tu ánimo caiga a tres metros bajo tierra y ya el tema de elegir los productos en el supermercado o comprar cosas que le faltan a tu hijo o hija no son nada agradables y por qué, bueno porque estás demasiado ocupada pensando en otras excusas para alargar tu enojo y aprovechar de decir todo lo que no manifiestas cuando eres jodidamente felíz y que pasas por alto debido a que en ese momento vale más recolectar recuerdos y sonrisas que te servirán para sobrellevar esos largos instantes de ira, que por lo menos una vez al mes se instalan en tu casa (a veces pienso que la rabia llega como lo es la menstruación y en mis pensamientos psicodélicos he llegado a auto convencerme que el período de la mujer es una método que el cuerpo posee para materializar la rabia).
Ahora mismo, por ejemplo, estoy enrabiada y ya cumplí dos días así por culpa del último pastelazo que se mandó mi marido y como si fuera poco a él parece hacerle mucha gracia que yo esté con una cara de dos metros y que no tenga ganas de cruzar siquiera una palabra con él. No sé ustedes pero no hay nada más molesto que un esposo o pareja que se hace de las chacras para ocultar la cagaita que hizo y tratar de ser lo más dulce y asequible, según ellos para que la mujer lo perdone rápidamente.
No tengo nada en contra de la ternura, de hecho la disfruto cada vez que miro a mi pequeña princesita cuando despierta o cuando mi marido me mira con cara de enamorado al más puro estilo de la película " Lo que el viento se llevó"; solo me nerva cuando me hierve la sangre por culpa de mi gran momento irascible más que justo y necesario.
Yo me pregunto por qué los sentimientos en ciertas edades empeoran o se exacerban tanto puesto que cuando eres mamá en un solo día puedes pasar del amor al odio en menos de una hora, tanto así que quieres mandar a todos a la misma cresta como cuando te dicen que eres desnaturalizada porque olvidaste comprar alimento para tus mascotas o por qué no tienes derecho a enojarte si tus expectativas de una noche a solas con tu marido no se parecía en nada en lo que habías soñado por tantas semanas. Así como puedes ser felíz también tienes derecho a ser infelíz aunque sea por un rato.

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