Cuando veo a mi linda niña mirándome con esos tiernos ojos llenos de vida, no puedo más que pensar que algún día ya no serán los mismos. Habrá una mirada más intensa, resuelta y autónoma; una Victoria mujer que me dirá con cara de molestia que no me meta en sus asuntos de la manera más diplomática para que su madre no rompa en llanto. Personalmente, hoy a mis 32 años puedo decir que de alguna manera esto se cumple a cabalidad. Desde que era niña nunca me gustó que me dijeran lo que debía hacer, tal vez por eso nunca me gustaron las clases de técnico manual o de tecnología porque siempre había solo una opción que se debía seguir, cosa que realmente me cargaba. Y bueno luego de pensar esto, me di cuenta de lo que mi madre tuvo que pasar con respecto a mi crianza, tomando en cuenta que para una persona rebelde es bastante difícil seguir las reglas que los demás intentan imponer. Lo cierto es que si bien mi abuelita hizo un gran trabajo en mí, ahora entiendo que esa preocupación en su momento irritó más de una vez a mi mami (no es casualidad que las dos gocemos de un carácter bastante parecido).
Por ello, debo decir que la relación entre mamá e hija cambia en 180 grados cuando llega un bebé a la familia. Las abuelas se transforman en el GOPE de los niños y a veces hasta rayan en la exageración convirtiéndose en agentes de la CIA, pues quieren controlar y saber todo (¡Ay , de ti que se te olvide mandarles fotos del nieto/a por el WhatsApp!) lo que realmente termina por sacar los choros del canasto.
Sin embargo, esta regla de: "por donde pecas, pagas" a veces también te aterriza y te hace bajar las revoluciones; te humaniza ,y porqué no decirlo también, te da una cuota de humildad para aceptar ,que sea como sea, nuestras madres nos llevan la delantera y saben muchas cosas que una como primeriza no entiende.
Bueno pese a lo irritante que puede llegar a ser pelearse con la mamá por la cría, también se agradece que ellas amen a tu "bendición" y al final entiendes que "si quieren y adoran a tu princesa, es como si te estuvieran haciendo cariño multiplicado por tres".
Al final, es ley de vida pasar por este tipo de cosas y ahora que lo pienso creo que no sé si sería capaz de pasar por algo así (tal vez es porque aún mi hija es muy pequeña y faltan años luz para que sea mamá). ¡Pobre mami que tuvo que bancarse mi mala onda de leona en celo por su cachorra!, creo que con suerte alcanzó a darse cuenta del vociferador que le envié. Pero, aunque parezca difícil de reconocer, yo sé que fui muy dura porque tengo miedo y este sentimiento es más que legítimo sobre todo cuando una está en plena crianza. TE DA MIEDO QUE EL DÍA QUE RETES A TU HIJA DELANTE DE SU ABUELA, ÉSTA SE QUIERA INMISCUIR, TE QUITEN AUTORIDAD Y UNA TERMINE ENEMISTADA CON LA MAMÁ (sobretodo si costó tanto construir una buena relación). Ese es mi miedo.
Tal vez me estoy anticipando a un hecho que nunca vaya a ocurrir, tal vez mi madre sea la primera que le diga: "mijita hágale caso a su mamá en lo que le está diciendo", tal vez esta cuestión solo ocurra en mis sueños retorcidos. Sea como sea, esta cuestión me da miedo y preciso mantener siempre a raya esta situación por si las moscas.
En fin, lo único que tengo claro es que no me conviene ni me apetece herir los sentimientos de mi mami porque es una gran abuela y un gran apoyo en este camino nuevo. Tampoco me molesta compartir a mi Victoria con ella; solo tengo miedo que la tortilla se dé la vuelta y que en unos años más yo tenga que auto enjugar mis lágrimas cuando mi hija me pare el carro y me diga que ella es la que manda y que sabe cómo criar a sus hijos. (Dejá Vú).

