jueves, 28 de diciembre de 2017

Vacaciones familiares= planificación obligada


Este es el primer año que no saldremos solos de vacaciones, pues la bollito de amor se instaló en nuestras vidas y eso trajo consigo muchos cambios en los que en materia de viajes no fue la excepción. Creo, no mejor dicho, afirmo que es la PRIMERA VEZ  que tenemos nuestra estadía lista incluyendo pasajes, alojamiento y hasta itinerario para disfrutar juntos en el sur. Por lo que ante esto solo me queda pensar que si no fuera por mi maternidad y la existencia de la bebe, probablemente estaríamos comprando pasajes carísimos y haciendo todo apurados. Pero no, en esta instancia ya está todo listo después de realizar un cuidadoso "estudio de mercado" para elegir todo a precio huevo.
Normalmente, mi pelaito armaba todo y terminaba más estresado y tiritón que espejo de micro. Por ello y en función del tiempo libre que tengo, le propuse hacerme yo cargo este año de todo, mientras él coordina solo los toques finales.

Ante esta idea, debo decir que me siento orgullosa y hasta una mami cachilupi porque en dos días ideé circuitos turísticos aptos para nuestra familia, todo para que la bendición lo pase genial con papi y mami. Sí, porque lo cierto es que planear vacaciones familiares requiere de un ojo de lupa para lograr que todo cuadre. Ya no sirve buscar solamente opiniones en TriAdvisor, no, es necesario leer mucho y buscar panoramas en donde se pueda disfrutar con los niños. Así que en este 2018 nos despedimos de los tours nocturnos, la bohemia y las levantadas tarde para poder explorar un mundo distinto, el mundo de la gente NORMAL. Digo normal porque de todas las veces que hemos viajado típico que nuestro día partía a eso de las dos de la tarde y sonábamos inmediatamente con el servicio de desayuno continental. Entonces, no importaba si pagábamos un Bed and breakfast, un hostal u hotel con derecho a desayuno, siempre perdíamos la mitad de este beneficio por culpa de nuestra maldita flojera y por acostarnos indecentemente tarde (entre 4 y 5 de la madrugada luego de una noche de música, sexo y alcohol al más puro estilo de los rockeros).

Esta vez no, adiós cama grande para nosotros solos, adiós bares, adiós vida nocturna y HOLA levantadas a las ocho de la mañana, desayunos continentales, almuerzos y cenas. Ahora el real desafío es lograr que el día cunda como para hacer todo lo que se pueda hasta antes de las nueve de la noche; horario en que la bebé comienza a entregarse a los brazos de Morfeo atornillada a la tetita de mamá.
¡Ay Dios, cómo nos cambia la vida! Qué distinto será esta vez viajar al sur después de la última vez que lo visitamos. No niego que estoy felíz de compartir esto con mi bollito, pero mis deseos de hacer rafting se fueron por el excusado en tres tiempos. Ahora sólo me queda esperar que la bebé crezca y algún día me quiera acompañar en una de estas aventuras por los rápidos de la región de los Lagos.

Así que esta vez abusaremos del tiempo diurno, nos permitiremos chanchear y bañarnos en termas con la gorda chica y relajarnos a la fuerza, mientras dejamos la adrenalina de lado por un par de años.
Por otro lado, y ahora que lo pienso detenidamente, el tema de las maletas será otro tongo, ya que la mona chica usará más de tres cuartas partes de la maleta con solo sus cositas (monitor, juguetitos, pañales, leche, ropita, etc) e incluso habrá que buscarle espacio a su gran carruaje rojo en el avión, y es más, deberemos buscar un auto que tenga servicio de sillas para niños, pues la seguridad de éstos es oro. Al final, sumando y restando solo me queda por pensar dónde cresta meteré mi ropa, mis zapatos, mis cosas y mis souvenirs o peor aún, dónde meteré la ropa de mi marido (típico problema a la hora de hacer las maletas, puesto que nunca me mido en la cantidad de ropa y zapatos que llevo para viajar). Uf, nada que hacer me tocará pasar otro día haciendo una lista de las cosas necesarias para las vacaciones y planificar incluso hasta cuántos calzones debo llevar. Creo que será la única manera que todos salgamos invictos en este primer viaje con la misia Victoria.

Nota mental para mí: No olvides llevar tu traje de baño de una pieza y por favor recuerda que comenzaste a ir al gym para bajar de peso.

martes, 26 de diciembre de 2017

Navidad en casa con la "bendición"

Este año por primera vez fue un caos planear la navidad, no tanto por las compras de regalos o ingredientes para la cena, sino más bien en lo que se refiere a ponerse de acuerdo con el marido (que por cierto es el Grinch andante) para saber simplemente lo que íbamos a hacer para estas fiestas de fin de año. Partí la semana previa a Navidad preguntando:
¿Qué te tinca que hagamos para navidad? pregunta a la que siempre contestaba con un dejo de bonaerense al peo : y no sé boluda, pensá tú que shoooo no tengo ganas de pensar ahora tengo hambre...

Qué terrible es lidiar con un hombre que ya se lo llevan los leones de hambre y que más encima deteste la navidad, sobre todo cuando la otra persona se vuelve como cabra chica ante estas festividades y se imagina la mesa té club llenita con la familia y todos felices conversando y comiendo cosas ricas engalanados con un gran arbolito de pascua y uno que otro villancico de Luis Miguel o Michael Bubblé sonando de fondo. Lo cierto es que ante esta actitud grinchiana, esta mamá 3D se propuso tomar el toro por las astas y ante tal negatividad desplegó sus dotes de convencimiento diciendo lo siguiente:

Amor, ya es hora que comiences a amar la navidad porque ahora tenemos una hijita y los niños adoran estas fiestas, los villancicos, la llegada del viejito pascuero, las galletitas de jengibre y compartir en familia. Debes armarte de paciencia y hacerlo por ella.

Él con su cara de poco convencimiento, me dice: Mi amor, la niña está chica y con suerte se va a dar cuenta que existe el famoso viejo pascuero. 

Yo que a esas alturas ya tenía la vena del cuello más que hinchada vocifero: En esta casa vive el espíritu navideño, hay un árbol enorme y uno chico para la niña, yo ya tengo las recetas de tartas para hacer para el 25, ya compré tu regalo y el de la bebé y además ya coordiné con tu mamá y mi mamá los días que vendrá cada una a casa para celebrar juntos. Si no quieres cena de navidad, se hace un picoteo rico mientras vemos en la televisión Mi pobre angelito 2 esperando las doce porque es tradición y punto.

Ante una aseveración de este tipo no le quedó otra que aprender a disfrutar de la navidad y unirse a mis caprichos de esposa ideal cincuentera con la familia felíz y las gatas revoloteando en el living. Finalmente, logré que se empapara con algo del espíritu navideño y tanto fue mi poder de convencimiento que partimos a la tienda de artículos para bebé del mall y compramos un monitor con luz nocturna para vigilar a la nenita en la noche del 24, mientras nosotros celebrábamos nuestra primera navidad juntos como ESPOSOS.
Todo salió espectacular, disfrutamos como cabros chicos de nuestros regalitos, nos regaloneamos y compartimos con mis suegros; todo maravilloso hasta que nos fuimos a acostar muy de madrugada y en menos de cinco minutos "la bendición" de la casa se despertó de muy mal humor y cagá de hambre aleteando con fuerza y rabia reclamando su tetita con leche calientita. En ese momento entendí que la vida nos ha cambiado en 180 grados, que tuve que guardarme los deseos locos de dormir abrazadita al marido hasta el otro día, y en lugar de eso, tuve que alimentar a mi hija; botarle los chanchitos, mudarla y hacerla dormir para que despertara con mucha energía a las ocho de la mañana con más hambre y cagada hasta la espalda mientras mami sólo podía pensar en dormir y dormir.

Por eso, me atrevo a decir que el 25 de diciembre fue un día aún más distinto: Hubo un desayuno familiar en el comedor de la casa, luego se vino el baño de la gorda, luego preparar papa y dar pechuga, hacer dormir a la gorda, rabear con la gorda y lograr que hiciera su seuda siesta para poder preparar el almuerzo que degustamos recién a las tres de la tarde, bañarnos y ponerme ropita linda para recibir a nuestros invitados, pero luciendo una cara de poto y de trasnochada "ideal para sacarse fotos".

Sin embargo, fuera de todo este ajetreo logramos pasarlo bien y salir invictos de la primera navidad con la gordita y por supuesto ella aprendió a jugar con sus regalitos y a recibir a sus nuevos amiguitos inanimados de felpa.

Ahora solo me queda pensar en cómo terminaremos el 31 de diciembre, en las condiciones en que daré pechuga y en cómo se verá mi rostro el 1 de enero.




Vacunas y Dieta: pésima combinación

Cuando mi mejor amiga me contó que su gorda chica había sufrido mucho cuando le pusieron sus primeras vacunas, automáticamente comencé a recrear en mi mente ese momento doloroso e incómodo que mi bebita debería soportar. La imaginé llorando desconsoladamente con 38 grados de temperatura, sin apetito y yo sufriendo a su lado; de hecho me vi poniendo hasta tarde compresas frías y pasando una noche infernal. El punto es que me preparé psicológicamente por semanas y traté de juntar valor para ese tan horrendo día.
Creo que llamé varias veces a mi mamá para pedirle consejos acerca de los pasos que debía seguir si las contra indicaciones de la vacuna se agravaban y cada vez que ella me los daba yo respiraba profundo para no entrar en pánico. Lo cierto es que nadie me dijo que una madre sufre más con estas cosas que hasta el mismo bebé que recibe el pinchazo y eso lo pude constatar el día de hoy.
Me levanté temprano e hice todo lo posible para que ese instante fuera lo más rápido posible y que ojalá sea imperceptible; tomé el coche, el bolso y la niña y me fui al vacunatorio.
VACUNATORIO, leía cuando llegué al segundo piso de la clínica y el nombre por sí mismo ya era bastante agresivo y me atrevería a decir que hasta olía a jeringas (o al menos eso fue lo que el susto generó en mis sentidos). Esperamos un rato y luego nos llamaron y ya de entrada la mamá desorganizada se hizo presente cuando vi que la orden médica que nos había dado el pediatra era errónea y yo no me había dado ni cuenta de ese gran detalle. Finalmente, llegó el odioso momento en que tuve que escuchar el llanto de mi princesita cada vez que la pinchaban con esas jeringas del demonio y yo, bueno, tuve que contenerme y guardar las lágrimas para darle valentía y fuerza, por lo que solo atiné a besarle sus manitos y cabecita repitiendo: "Ya, hijita tranquila, ya va a pasar el dolor; mami está aquí contigo"  (fueron los minutos más desgarradores de toda mi vida, era como si me rompieran el alma). Sin embargo, para mis sorpresa, mi hija al cabo de unos segundos recobró la tranquilidad y se sumió en un profundo sueño al más puro estilo de la Bella Durmiente. No obstante, mamá ya estaba al borde de la neurosis y tal como indicó la enfermera esperé media hora en la cafetería de la clínica tratando de calmarme con un tecito bien caliente al que le puse hartas gotas de stevia (práctica poco común en mi, ya que no estilo jamás a tomar mi té así) y allí me quedé contemplándola mientras yo trataba de calmarme y dejar de sudar como chancha.
Entre toda esta batahola de pensamientos me vino a la mente otra preocupación más banal, pero igualmente importante para mi y que es BAJAR DE PESO. Sí mi peso es vital para mi, ya que regula mi autoestima y mis auto percepciones (tal como lo dice mi linda y simpática psicóloga). El caso es que la última vez que visité a mi abueli cometí un craso error: ME PESÉ y en cuanto lo hice me arrepentí e inmediatamente me puse en la ardua tarea de buscar un gimnasio urgente para dejar de crecer como una cerdita y recuperar mi "figura ideal", como dice mi mamá. El caso es que ya me matriculé y comienzo después de una semana llena de placeres culinarios que de seguro se verán reflejados una vez más en mi espalda, rodillas y la pesa de mi instructor.
Francamente, las vacunas y el peso son pésima combinación para una mami que está recién estrenándose como tal, y lo peor, es ver a modelos y famosillas paseándose por la tele (recién paridas) con una figura envidiable.
Yo hace tres meses que tuve a mi bebé y me siento aún como un globo y aún tengo ropa que no me puedo colocar - como mis shorts favoritos que compré en Brasil-
Sea como sea, ya comenzaré mi rutina de ejercicios y cerraré la boquita un poco para que el entrenamiento haga efecto, pero lo único que tengo realmente claro es que no sé cómo cresta dejaré de comer helado y no morir en el intento.



domingo, 3 de diciembre de 2017

La rabia, tú BFF

Desde que tengo uso de memoria he tratado de eludir las peleas y los sentimientos de negatividad, ya que desde muy chica tuve que aprender a sobrevivir dentro de un mundo de discordialidades familiares y constantes quiebres que para una niña de cinco años constituía un factor de normalidad. Pero con el tiempo aprendí que a veces estos momentos de pugna y guerra de situaciones te conducen a que seas capaz de elegir entre variadas opciones que, de alguna manera, te conducen a la tan manoseada FELICIDAD. Tal como dice una canción del Chico Montaner  (yo le digo así al cantante venezolano porque me cae bien)"la vida te da motivos para el llanto y la tristeza y no te perdona la felicidad si ganas, hay que pagar la felicidad"... ¡Puta que tiene razón y eso lo he aprendido con creces. La felicidad nace a partir de la rabia o de algún momento donde tuviste que derramar una par de lágrimas por alguna situación sencilla de la vida cotidiana como cuando tu gato o perro estropean tu par de zapatos favoritos o tu hermana chica encuentra tu maquillaje que con tanto esfuerzo haz ido comprando y de pronto utiliza tus sombras y labiales como lápices o acuarelas, o bien a partir de situaciones complicadas como rupturas amorosas o el fin de una amistad supuestamente inquebrantable. Sea como sea la rabia aplica para todo por igual o al menos así lo percibo porque para mi ésta es fatal e imperdonable en ambos casos y no porque sea exagerada sino que es parte de uno de mis rasgos obsesivos que son familiares cercanos a lo que los psicólogos llaman "Trastorno de ansiedad". En fin, lo cierto es que por muchos años manejé la rabia o al menos lo intenté y logré que tuviera una duración de no más de un par de horas por lo que puedo agregar que me sirvió bastante como solución parche. Digo parche porque al cabo de unos días la rabia iba creciendo y creciendo como una enorme bola de nieve que estallaba, normalmente, a fin de cada año justo en vísperas de año nuevo.
Sin embargo, desde que me convertí en madre, a parte de luchar todos los días con mis hormonas, he captado que la rabia se ha vuelto algo así como mi BFF (mi mejor amiga favorita) y cuando se instala en mi pensamiento se queda ya no solo por unas horas o minutos sino que por días y hasta diría que se sienta a tomar el té cómodamente conmigo sin ningún tipo de culpa. Y lo que es peor parece que su visita me mantiene lo suficientemente ocupada y hasta entretenida. La cosa es que todo empeora cuando una madre siente rabia, ya que no existe fórmula perfecta para disipar este prolongado momento de enojo, pero sí existen miles de frases, metáforas y eufemismos que se generan para contraatacar al autor que te propinó este indeseable estado.
Cuando la rabia se instala en la piel no hay nada que te detenga ni siquiera tu marido cocinándote algo rico para hacer mérito después de haberse mandado alguna cagá, ni siquiera los buenos deseos de tu madre o suegra para que te tranquilices; NO, nada augura la despedida fugaz de mi BFF. 
Conforme los días pasan, la rabia provoca que tu ánimo caiga a tres metros bajo tierra y ya el tema de elegir los productos en el supermercado o comprar cosas que le faltan a tu hijo o hija no son nada agradables y por qué, bueno porque estás demasiado ocupada pensando en otras excusas para alargar tu enojo y aprovechar de decir todo lo que no manifiestas cuando eres jodidamente felíz y que pasas por alto debido a que en ese momento vale más recolectar recuerdos y sonrisas que te servirán para sobrellevar esos largos instantes de ira, que por lo menos una vez al mes se instalan en tu casa (a veces pienso que la rabia llega como lo es la menstruación y en mis pensamientos psicodélicos he llegado a auto convencerme que el período de la mujer es una método que el cuerpo posee para materializar la rabia). 
Ahora mismo, por ejemplo, estoy enrabiada y ya cumplí dos días así por culpa del último pastelazo que se mandó mi marido y como si fuera poco a él parece hacerle mucha gracia que yo esté con una cara de dos metros y que no tenga ganas de cruzar siquiera una palabra con él. No sé ustedes pero no hay nada más molesto que un esposo o pareja que se hace de las chacras para ocultar la cagaita que hizo y tratar de ser lo más dulce y asequible, según ellos para que la mujer lo perdone rápidamente.
No tengo nada en contra de la ternura, de hecho la disfruto cada vez que miro a mi pequeña princesita cuando despierta o cuando mi marido me mira con cara de enamorado al más puro estilo de la película " Lo que el viento se llevó"; solo me nerva cuando me hierve la sangre por culpa de mi gran momento irascible más que justo y necesario.
Yo me pregunto por qué los sentimientos en ciertas edades empeoran o se exacerban tanto puesto que cuando eres mamá en un solo día puedes pasar del amor al odio en menos de una hora, tanto así que quieres mandar a todos a la misma cresta como cuando te dicen que eres desnaturalizada porque olvidaste comprar alimento para tus mascotas o por qué no tienes derecho a enojarte si tus expectativas de una noche a solas con tu marido no se parecía en nada en lo que habías soñado por tantas semanas. Así como puedes ser felíz también tienes derecho a ser infelíz aunque sea por un rato.


Lactancia, tarea honorable de las "mamiiiiiiiiiitaaaaaaas"

Todos hablan y se abanican con el tema de la lactancia, que es linda, que es maravillosa, que es la expresión del ser mamífero, que es u...