martes, 26 de diciembre de 2017

Navidad en casa con la "bendición"

Este año por primera vez fue un caos planear la navidad, no tanto por las compras de regalos o ingredientes para la cena, sino más bien en lo que se refiere a ponerse de acuerdo con el marido (que por cierto es el Grinch andante) para saber simplemente lo que íbamos a hacer para estas fiestas de fin de año. Partí la semana previa a Navidad preguntando:
¿Qué te tinca que hagamos para navidad? pregunta a la que siempre contestaba con un dejo de bonaerense al peo : y no sé boluda, pensá tú que shoooo no tengo ganas de pensar ahora tengo hambre...

Qué terrible es lidiar con un hombre que ya se lo llevan los leones de hambre y que más encima deteste la navidad, sobre todo cuando la otra persona se vuelve como cabra chica ante estas festividades y se imagina la mesa té club llenita con la familia y todos felices conversando y comiendo cosas ricas engalanados con un gran arbolito de pascua y uno que otro villancico de Luis Miguel o Michael Bubblé sonando de fondo. Lo cierto es que ante esta actitud grinchiana, esta mamá 3D se propuso tomar el toro por las astas y ante tal negatividad desplegó sus dotes de convencimiento diciendo lo siguiente:

Amor, ya es hora que comiences a amar la navidad porque ahora tenemos una hijita y los niños adoran estas fiestas, los villancicos, la llegada del viejito pascuero, las galletitas de jengibre y compartir en familia. Debes armarte de paciencia y hacerlo por ella.

Él con su cara de poco convencimiento, me dice: Mi amor, la niña está chica y con suerte se va a dar cuenta que existe el famoso viejo pascuero. 

Yo que a esas alturas ya tenía la vena del cuello más que hinchada vocifero: En esta casa vive el espíritu navideño, hay un árbol enorme y uno chico para la niña, yo ya tengo las recetas de tartas para hacer para el 25, ya compré tu regalo y el de la bebé y además ya coordiné con tu mamá y mi mamá los días que vendrá cada una a casa para celebrar juntos. Si no quieres cena de navidad, se hace un picoteo rico mientras vemos en la televisión Mi pobre angelito 2 esperando las doce porque es tradición y punto.

Ante una aseveración de este tipo no le quedó otra que aprender a disfrutar de la navidad y unirse a mis caprichos de esposa ideal cincuentera con la familia felíz y las gatas revoloteando en el living. Finalmente, logré que se empapara con algo del espíritu navideño y tanto fue mi poder de convencimiento que partimos a la tienda de artículos para bebé del mall y compramos un monitor con luz nocturna para vigilar a la nenita en la noche del 24, mientras nosotros celebrábamos nuestra primera navidad juntos como ESPOSOS.
Todo salió espectacular, disfrutamos como cabros chicos de nuestros regalitos, nos regaloneamos y compartimos con mis suegros; todo maravilloso hasta que nos fuimos a acostar muy de madrugada y en menos de cinco minutos "la bendición" de la casa se despertó de muy mal humor y cagá de hambre aleteando con fuerza y rabia reclamando su tetita con leche calientita. En ese momento entendí que la vida nos ha cambiado en 180 grados, que tuve que guardarme los deseos locos de dormir abrazadita al marido hasta el otro día, y en lugar de eso, tuve que alimentar a mi hija; botarle los chanchitos, mudarla y hacerla dormir para que despertara con mucha energía a las ocho de la mañana con más hambre y cagada hasta la espalda mientras mami sólo podía pensar en dormir y dormir.

Por eso, me atrevo a decir que el 25 de diciembre fue un día aún más distinto: Hubo un desayuno familiar en el comedor de la casa, luego se vino el baño de la gorda, luego preparar papa y dar pechuga, hacer dormir a la gorda, rabear con la gorda y lograr que hiciera su seuda siesta para poder preparar el almuerzo que degustamos recién a las tres de la tarde, bañarnos y ponerme ropita linda para recibir a nuestros invitados, pero luciendo una cara de poto y de trasnochada "ideal para sacarse fotos".

Sin embargo, fuera de todo este ajetreo logramos pasarlo bien y salir invictos de la primera navidad con la gordita y por supuesto ella aprendió a jugar con sus regalitos y a recibir a sus nuevos amiguitos inanimados de felpa.

Ahora solo me queda pensar en cómo terminaremos el 31 de diciembre, en las condiciones en que daré pechuga y en cómo se verá mi rostro el 1 de enero.




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