lunes, 26 de febrero de 2018

Lactancia, tarea honorable de las "mamiiiiiiiiiitaaaaaaas"




Todos hablan y se abanican con el tema de la lactancia, que es linda, que es maravillosa, que es la expresión del ser mamífero, que es un acto de amor, etc etc, sin embargo nadie se ha puesto a pensar que este proceso es el más engorroso de la vida y del mundo mundial. Primero, porque el seno (o mejor dicho la ubre, a estas alturas) cambia exageradamente su forma; pasa de ser un turgente pedazo de carne con un lindo pezón a una masa llena de líquido que cuando te miras al espejo te da pavor y te terminas preguntando si se quedarán en ese estado para siempre. Segundo, el pecho  ya no es juguete sexual de tu marido. amante, amigo con cover o lo que sea; el pecho es ahora la fuente de alimento de la "bendición" por ende pasa a ser el elemento prohibido del acto amatorio en cuestión (porque ni ahí que el hombre en su ímpetu de caricia haga que te salga un chorro de leche; leche que te cuesta bastante almacenar para alimentar a la cría. ¡NOOOO la leche es de la cachorra, por favor!
Tercero, ¿han visto los sostenes de lactancia? qué cosa más poco sexy de la vida, da lo mismo si el color es negro, beige, el color que sea la porquería es indigna aunque estén diseñados exclusivamente para esa faena. Uff, creo que lo que más he odiado de la lactancia es sin duda los sostencitos estos. Sí, convengo que son cómodos, que uno se puede desprender el tirante fácilmente, pero estéticamente hacen que se te vea la pechuga como una masa y la verdad creo que ni te sostienen las bubbies. Además, en la madrugada cuando la guagua llora por un poco de alimento, una se despierta, se desprende la cuestioncita, se saca la pechuga y se la enchufa a la cría. La cría toma y toma leche, hasta que te succiona hasta la última gota de leche y con ello logran dejarte la "fuente de alimento" peor que globo de cumpleaños desinflado después de haber pasado un mes. O sea la turgencia se te va a las pailas, el glamour ni existe...
¡atroz! y eso no es todo; en la madrugada después que te dejan literalmente seca, te toca sacar flatos y pedos y acomodarte para el otro lado para enchufar a la cría a tu otra pechuga y sin más detalles te duermes y caes en una inconsciencia tal que al otro día cuando te levantas al baño, te das cuenta de dos cosas: que tienes la polera del pijama a la altura de la yugular y que tus dos pechuguitas te saludan a cuero pelado y para engalanar el cuadro, el marido te mira con cara de deseo ambas pechugas y remata con la frase: " Mi amor, mansas pechugas que te gastai" (¡Qué romántico! o sea Gustavo Adolfo Becker es una alpargata al lado de él). Maravillosa manera de comenzar la mañana.
Por último y no menos importante es lo que el agua caliente de la ducha hace en tus bubbies luego de terminar de bañarte y ahí, la verdad, tienes siempre tres opciones: apurarte en colocar los protectores de lactancia en cada pechuga (que es lo más utópico o ideal), "ordeñarte" y dejar que la lechita fluya hacia la mamadera de la pequeña bendición para no perderla o enchufarte nuevamente al bebe para que te mame durante una hora.
No, digan lo que quieran y crucifíquenme si quieren, me importa NADA, pues la lactancia es dolorosa, sufrida y sacrificada. Por culpa de esta lactancia llevo meses despertándome a las cuatro de la mañana y de ahí comenzando el día a las ocho de la mañana dando más pechuga, preparando desayuno para los humanos y las gatas y ahora último preparando jugos de fruta y compotas para Victoria. Por la lactancia, ando cagá de hambre y sueño todo el día y más encima tengo que controlarme de comerme todo el refri porque estoy a dieta. Estoy raja, cansada, agotada o como quieran decirle, y a veces alucino con la satírica idea de estar sola, pero sola solita sola. es decir sin el marido; sin la guagua; sin las gatas; sin el ladrido del perro del vecino; sin la alarma de las cinco de la mañana; sin los vecinos y sin el celular (aunque sea por un día) y luego me acuerdo que no sirvo para estar sola y que sea como sea ahora soy mamiiiiiiitaaaa , debo ver la vida en colores, tener paciencia y rogar que la bebe se quede quietecita por unos minutitos para yo poder dormir una corta y reponedora siestecita.

(Estoy pensando seriamente que la ausencia de sertralina en mi sistema me hace pensar tonteras ¿o no?)


jueves, 15 de febrero de 2018

"Trabajar en tiempos de crianza"



Cuando quedé embarazada fui felíz, pero también reconozco que me aterré de los pies a la cabeza. Primero, porque siempre tuve la idea que como mamá sería un desastre, ya que normalmente soy un fiasco con mis cosas y mis tiempos. Entonces, pensaba que si con suerte me podía mantener a mi misma, cómo cresta me iba a hacer cargo de una criatura que iba a depender al mil por ciento de mi. Pensé muchas veces que no estaba preparada para asumir tanta responsabilidad. O sea en la vida soy bastante responsable (me preocupo de hacer mis cosas, cumplir con la pega, alimentarme bien, etc.), sin embargo ser mamá no estaba dentro de mis planes, sobre todo cuando recién me había casado con mi Mauro después de años de haber convivido juntos. Y aunque sé que muchos piensan que es solo la continuidad de vivir bajo el mismo techo, déjenme decirle que NO ES LO MISMO. Ser esposa te imprime un sello más a una relación, te cambia el switch de pensamiento por completo porque asumes un rol férreo hacia tu familia y puede que suene cliché para algunos, pero el decir: Sí quiero hasta que la muerte nos separe; conlleva una decisión de compromiso muy importante; no tanto por la cháchara de la religión sino por lo que sientes en tu corazón y cómo finalmente decides entregarte por completo a una persona conociendo su lado A, B y C. Por ello, la noticia que mi bebé venía en camino, me hizo tambalear y fue como si me tiraran un gran balde de agua fría (estaba preparada para ser esposa, pero no para ser mamá) y tuve que reunir fuerzas y valentía desde los huesos para enfrentar tanto la enorme tarea que se me iba a venir por delante, así como también enfrentar grandes e integrales cambios de mi vida como lo fue en el plano profesional. 
Quizás la vida me quizo dar una tregua después de haber trabajado por años como una verdadera mula, sacrificando fines de semana, horas de sueño y cuánto más para poder estudiar y perfeccionarme aún más...claramente esos cuatro o cinco años de tanto desgaste me pasaron la cuenta y terminé por desarrollar un trastorno complicado de ansiedad que derivó en crisis de pánico (MARAVILLOSO). Francamente, no sé cómo mierda llegué a ese estado, pero lo que si sé y puedo dar fe que durante todo mi embarazo tuve que darle la pelea tupido y parejo. 
Fue en ese momento donde tuve que guardarme mi cartón de profesional, bajarme de la rueda de la fortuna y asumir que lo más importante en ese momento era mi hija que estaba creciendo en mi vientre, por ello debía ser fuerte y guardar todas mis energías para no usar ningún tipo de ansiolítico que atentara contra su integridad ( tuve que soportar  al menos 5 ó 6 crisis de pánico, sola en casa, apoyándome solamente de mis ejercicios de respiración que aprendí en Yoga). Así que del miedo y al pánico me convertí en Wonder Woman de un suácate y saqué mi embarazo adelante dejando de lado todos mis proyectos laborales que tenía para ese momento; por un año entero colgué el delantal del profe y vi con nostalgia las fotos con mis alumnos y mis colegas más queridos añorando con fuerza estar en una sala de clase como a mi tanto me gusta.
Luego nació mi bollito de amor y la depresión junto con la ansiedad siguieron sentadas en el living de mi casa y con ello nacieron las aprehensiones. Es ahí donde nació también mi segundo GRAN miedo y estoy segura que no soy la única madre en el mundo que lo experimenta; por un lado deseo con todas mis ansias volver a trabajar, tener mi independencia económica como la mujer "emancipada y rebelde" que soy y por otro lado creo que no existe en el mundo otra persona que cuide a mi hija tan bien como lo hago yo (sí, lo reconozco soy una mamá aprehensiva y mega quisquillosa) y es ahí donde literalmente me como hasta las uñas de los pies, pensando en cómo buscar un equilibrio para resolver este dilema, sobre todo, cuando aún me encuentro con la molesta depre postparto.
Le he consultado a mi almohada y a las ovejitas de los sueños, a los horóscopos y a los símbolos que aparecen en mis sueños y solo consigo entrar en más estrés pensando en cuál será mi decisión, pues e trabajar en tiempos de crianza, es un tema muy difícil y conlleva a tomar decisiones drásticas y dolorosas. Bueno, estoy más tiritona que espejo de micro porque no sé qué decisión debo tomar y ese es el punto; he llegado al límite de mi zona de confort y estoy nuevamente aterrada por este nuevo mundo que llega a mi y que me obliga a reinventarme una vez más.
Solo espero que San Guchito, Buddha y Dios me den un palmazo en el traste y me pongan frente a las señales que debo seguir y que los ansiolíticos no vuelvan más a esta vereda de pensamiento, que el diablo se deje de hueviar y enviarme depresiones y demonios pasados y que el angelito Gaibriel me muestre la llave que encaje perfecto para la puerta número 1, 2 y 3  de este gran concurso que es la vida.

sábado, 3 de febrero de 2018

"Bendita" ley de Murphy

Después de haberme pasado miles de rollos referentes a los percances que podían surgir con Victoria por culpa de los supuestos efectos secundarios de la vacuna. No puedo dejar de preguntarme por qué diantres siempre me toca vivir la experiencia que sólo le ocurre a un 10% de la población mundial en una probabilidad de uno entre mil millones de habitantes por metro cuadrado. A veces pienso que estoy algo así como meada de gato o bien la lactancia está haciendo estragos en todo mi sistema , que llego a proyectar eso haciendo que la ley de Murphy se haga presente cuando menos la necesito.
Así fue como nuestras vacaciones familiares estuvieron "bien" y lo digo entre comillas porque fue tanto lo que me preocupé que nuestra bollito de amor no se enfermara que claramente terminé yo enferma la mitad de los días que visitamos el sur.  Llámenlo mala suerte, mala pata, etc; lo cierto es que por tres días no pude comer nada y debía andar casi con una pelela en el auto por culpa de una infame e inesperada gastroenteritis viral. Pff me sentía pésimo, quería morirme y que me enterraran en el jardín botánico de la Universidad Austral, sin embargo, mis deseos suicidas se veían empañados porque pese a mi enfermedad seguía y sigo siendo mamá 24/7. Eso significó que cuando todos dormían, yo intercalaba mis constantes idas al baño junto con darle pecho a mi hija- que para más remate durante los siete días se despertó cada tres horas muerta de hambre como si en todo el día no hubiese probado leche alguna, siendo que ya se había acostumbrado a pedir alimento a las 6:30 de la mañana-. Definitivamente, las madres no tenemos derecho a enfermarnos y si es que eso pasa toca aguantarse como una gran wonder woman y levantarte con la cara llena de risa al otro día cuando la "bendición" se despierta y comienza una nueva jornada. No le doy a nadie estar enfermo de vacaciones, es lo peor de la vida sobre todo cuando hay como 28 grados de sensación térmica y tu cuerpo está con una temperatura que no supera los cinco grados; estado que genera tersianas que te hacen saltar como pez recién capturado del agua y un dolor muscular y óseo nivel dios (PRECIOSO)
Aunque ahora que estoy mejor y ya de vuelta en casa, pienso que fue para mejor y que gracias a Dios  la cochinada me dio a mi y no a la niña, pues aún no estoy preparada para verla enfermita como pollo. Al fin y al cabo, la porquería me duró tres días, pero sobreviví.
En fin, todo este percance me hizo reflexionar y darme cuenta que quizás me he dejado estar, que parezco perra envenená por falta de nutrientes o por volverme una chancha freirina comiendo cochinadas que no me alimentan o qué se yo. Lo único que tengo claro es que me siento débil, estoy quedando pelá (sí, me di cuenta que se me cayeron los pelos de las entradas de la frente) y que cada vez que me miro en el espejo, antes y después de darme una ducha, veo una mezcla entre yegua preñá y vaca lechera, entonces en ese momento trato de hacer vista gorda mientras llegan a mi cabeza recuerdos del cuerpo lindo que tenía antes de quedar encinta. Así que en virtud de la situación y por amor a BUDDHA y a mi familia decidí mandarme yo solita a una nutricionista para ordenar mi sistema y dejar de comer como ¡CHANCHA PEPPA!
Ay, Dios no sé en qué momento perdí la llave del equilibrio y la voluntad para cerrar la boquita y decir que no a los pasteles, helados, galletitas, chocolatitos y wueas que lo único que han hecho es hacer que reviente mi tarjeta débito comprándome ropa que me quede, puesto que la que había adquirido el verano pasado, no me queda (PUTA VIDA) y lo que es peor no falta el acomedido que te dice: "para qué te urges tanto con el peso si al final nunca más vas a volver a tener el cuerpo de antes" y agregan: "lo importante es que eres mamá y que si perdiste tu silueta es porque creaste vida"
¿Saben lo difícil que es decirle a una persona que se ha pasado la mitad de su vida luchando contra el peso, que se calme y que no se preocupe de adelgazar porque nunca más será flaca? Fatal, es lo peor que le pueden decir a una persona que más encima sufre de trastornos de ansiedad. Es como cuando le dices a un cabro chico que no haga una maldad y el niño se manda la embarrá solo porque tú le prohibiste algo. Lo mismo se aplica en mi, mientras más me dicen que es imposible adelgazar, más me empeño en cerrar la boca, hacer ejercicios y modificar mi alimentación. Soy porfiada, lo sé, pero me niego a ser el chanchito de la granja de Olson de por vida, quiero ser mamá pero no quiero verme ni pelada ni guatona; o sea antes  muerta que sencilla.
Bueno, lo cierto es que llevo un mes en el gimnasio, sacándome la mugre con pesas y cardio y con suerte he bajado un puto kilo (al menos, así me lo confirmó la pesa que utilizó la nutricionista) y más encima se supone que de acá a marzo debo reducir mi nivel de grasa...uff me va tocar ser fuerte y no sucumbir ante las delicias culinarias después de haber dado de mamar por una hora. 1, 2, 3 fuerza para mi y por todas mis compañeras. 

Lactancia, tarea honorable de las "mamiiiiiiiiiitaaaaaaas"

Todos hablan y se abanican con el tema de la lactancia, que es linda, que es maravillosa, que es la expresión del ser mamífero, que es u...