sábado, 3 de febrero de 2018

"Bendita" ley de Murphy

Después de haberme pasado miles de rollos referentes a los percances que podían surgir con Victoria por culpa de los supuestos efectos secundarios de la vacuna. No puedo dejar de preguntarme por qué diantres siempre me toca vivir la experiencia que sólo le ocurre a un 10% de la población mundial en una probabilidad de uno entre mil millones de habitantes por metro cuadrado. A veces pienso que estoy algo así como meada de gato o bien la lactancia está haciendo estragos en todo mi sistema , que llego a proyectar eso haciendo que la ley de Murphy se haga presente cuando menos la necesito.
Así fue como nuestras vacaciones familiares estuvieron "bien" y lo digo entre comillas porque fue tanto lo que me preocupé que nuestra bollito de amor no se enfermara que claramente terminé yo enferma la mitad de los días que visitamos el sur.  Llámenlo mala suerte, mala pata, etc; lo cierto es que por tres días no pude comer nada y debía andar casi con una pelela en el auto por culpa de una infame e inesperada gastroenteritis viral. Pff me sentía pésimo, quería morirme y que me enterraran en el jardín botánico de la Universidad Austral, sin embargo, mis deseos suicidas se veían empañados porque pese a mi enfermedad seguía y sigo siendo mamá 24/7. Eso significó que cuando todos dormían, yo intercalaba mis constantes idas al baño junto con darle pecho a mi hija- que para más remate durante los siete días se despertó cada tres horas muerta de hambre como si en todo el día no hubiese probado leche alguna, siendo que ya se había acostumbrado a pedir alimento a las 6:30 de la mañana-. Definitivamente, las madres no tenemos derecho a enfermarnos y si es que eso pasa toca aguantarse como una gran wonder woman y levantarte con la cara llena de risa al otro día cuando la "bendición" se despierta y comienza una nueva jornada. No le doy a nadie estar enfermo de vacaciones, es lo peor de la vida sobre todo cuando hay como 28 grados de sensación térmica y tu cuerpo está con una temperatura que no supera los cinco grados; estado que genera tersianas que te hacen saltar como pez recién capturado del agua y un dolor muscular y óseo nivel dios (PRECIOSO)
Aunque ahora que estoy mejor y ya de vuelta en casa, pienso que fue para mejor y que gracias a Dios  la cochinada me dio a mi y no a la niña, pues aún no estoy preparada para verla enfermita como pollo. Al fin y al cabo, la porquería me duró tres días, pero sobreviví.
En fin, todo este percance me hizo reflexionar y darme cuenta que quizás me he dejado estar, que parezco perra envenená por falta de nutrientes o por volverme una chancha freirina comiendo cochinadas que no me alimentan o qué se yo. Lo único que tengo claro es que me siento débil, estoy quedando pelá (sí, me di cuenta que se me cayeron los pelos de las entradas de la frente) y que cada vez que me miro en el espejo, antes y después de darme una ducha, veo una mezcla entre yegua preñá y vaca lechera, entonces en ese momento trato de hacer vista gorda mientras llegan a mi cabeza recuerdos del cuerpo lindo que tenía antes de quedar encinta. Así que en virtud de la situación y por amor a BUDDHA y a mi familia decidí mandarme yo solita a una nutricionista para ordenar mi sistema y dejar de comer como ¡CHANCHA PEPPA!
Ay, Dios no sé en qué momento perdí la llave del equilibrio y la voluntad para cerrar la boquita y decir que no a los pasteles, helados, galletitas, chocolatitos y wueas que lo único que han hecho es hacer que reviente mi tarjeta débito comprándome ropa que me quede, puesto que la que había adquirido el verano pasado, no me queda (PUTA VIDA) y lo que es peor no falta el acomedido que te dice: "para qué te urges tanto con el peso si al final nunca más vas a volver a tener el cuerpo de antes" y agregan: "lo importante es que eres mamá y que si perdiste tu silueta es porque creaste vida"
¿Saben lo difícil que es decirle a una persona que se ha pasado la mitad de su vida luchando contra el peso, que se calme y que no se preocupe de adelgazar porque nunca más será flaca? Fatal, es lo peor que le pueden decir a una persona que más encima sufre de trastornos de ansiedad. Es como cuando le dices a un cabro chico que no haga una maldad y el niño se manda la embarrá solo porque tú le prohibiste algo. Lo mismo se aplica en mi, mientras más me dicen que es imposible adelgazar, más me empeño en cerrar la boca, hacer ejercicios y modificar mi alimentación. Soy porfiada, lo sé, pero me niego a ser el chanchito de la granja de Olson de por vida, quiero ser mamá pero no quiero verme ni pelada ni guatona; o sea antes  muerta que sencilla.
Bueno, lo cierto es que llevo un mes en el gimnasio, sacándome la mugre con pesas y cardio y con suerte he bajado un puto kilo (al menos, así me lo confirmó la pesa que utilizó la nutricionista) y más encima se supone que de acá a marzo debo reducir mi nivel de grasa...uff me va tocar ser fuerte y no sucumbir ante las delicias culinarias después de haber dado de mamar por una hora. 1, 2, 3 fuerza para mi y por todas mis compañeras. 

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