lunes, 26 de febrero de 2018

Lactancia, tarea honorable de las "mamiiiiiiiiiitaaaaaaas"




Todos hablan y se abanican con el tema de la lactancia, que es linda, que es maravillosa, que es la expresión del ser mamífero, que es un acto de amor, etc etc, sin embargo nadie se ha puesto a pensar que este proceso es el más engorroso de la vida y del mundo mundial. Primero, porque el seno (o mejor dicho la ubre, a estas alturas) cambia exageradamente su forma; pasa de ser un turgente pedazo de carne con un lindo pezón a una masa llena de líquido que cuando te miras al espejo te da pavor y te terminas preguntando si se quedarán en ese estado para siempre. Segundo, el pecho  ya no es juguete sexual de tu marido. amante, amigo con cover o lo que sea; el pecho es ahora la fuente de alimento de la "bendición" por ende pasa a ser el elemento prohibido del acto amatorio en cuestión (porque ni ahí que el hombre en su ímpetu de caricia haga que te salga un chorro de leche; leche que te cuesta bastante almacenar para alimentar a la cría. ¡NOOOO la leche es de la cachorra, por favor!
Tercero, ¿han visto los sostenes de lactancia? qué cosa más poco sexy de la vida, da lo mismo si el color es negro, beige, el color que sea la porquería es indigna aunque estén diseñados exclusivamente para esa faena. Uff, creo que lo que más he odiado de la lactancia es sin duda los sostencitos estos. Sí, convengo que son cómodos, que uno se puede desprender el tirante fácilmente, pero estéticamente hacen que se te vea la pechuga como una masa y la verdad creo que ni te sostienen las bubbies. Además, en la madrugada cuando la guagua llora por un poco de alimento, una se despierta, se desprende la cuestioncita, se saca la pechuga y se la enchufa a la cría. La cría toma y toma leche, hasta que te succiona hasta la última gota de leche y con ello logran dejarte la "fuente de alimento" peor que globo de cumpleaños desinflado después de haber pasado un mes. O sea la turgencia se te va a las pailas, el glamour ni existe...
¡atroz! y eso no es todo; en la madrugada después que te dejan literalmente seca, te toca sacar flatos y pedos y acomodarte para el otro lado para enchufar a la cría a tu otra pechuga y sin más detalles te duermes y caes en una inconsciencia tal que al otro día cuando te levantas al baño, te das cuenta de dos cosas: que tienes la polera del pijama a la altura de la yugular y que tus dos pechuguitas te saludan a cuero pelado y para engalanar el cuadro, el marido te mira con cara de deseo ambas pechugas y remata con la frase: " Mi amor, mansas pechugas que te gastai" (¡Qué romántico! o sea Gustavo Adolfo Becker es una alpargata al lado de él). Maravillosa manera de comenzar la mañana.
Por último y no menos importante es lo que el agua caliente de la ducha hace en tus bubbies luego de terminar de bañarte y ahí, la verdad, tienes siempre tres opciones: apurarte en colocar los protectores de lactancia en cada pechuga (que es lo más utópico o ideal), "ordeñarte" y dejar que la lechita fluya hacia la mamadera de la pequeña bendición para no perderla o enchufarte nuevamente al bebe para que te mame durante una hora.
No, digan lo que quieran y crucifíquenme si quieren, me importa NADA, pues la lactancia es dolorosa, sufrida y sacrificada. Por culpa de esta lactancia llevo meses despertándome a las cuatro de la mañana y de ahí comenzando el día a las ocho de la mañana dando más pechuga, preparando desayuno para los humanos y las gatas y ahora último preparando jugos de fruta y compotas para Victoria. Por la lactancia, ando cagá de hambre y sueño todo el día y más encima tengo que controlarme de comerme todo el refri porque estoy a dieta. Estoy raja, cansada, agotada o como quieran decirle, y a veces alucino con la satírica idea de estar sola, pero sola solita sola. es decir sin el marido; sin la guagua; sin las gatas; sin el ladrido del perro del vecino; sin la alarma de las cinco de la mañana; sin los vecinos y sin el celular (aunque sea por un día) y luego me acuerdo que no sirvo para estar sola y que sea como sea ahora soy mamiiiiiiitaaaa , debo ver la vida en colores, tener paciencia y rogar que la bebe se quede quietecita por unos minutitos para yo poder dormir una corta y reponedora siestecita.

(Estoy pensando seriamente que la ausencia de sertralina en mi sistema me hace pensar tonteras ¿o no?)


jueves, 15 de febrero de 2018

"Trabajar en tiempos de crianza"



Cuando quedé embarazada fui felíz, pero también reconozco que me aterré de los pies a la cabeza. Primero, porque siempre tuve la idea que como mamá sería un desastre, ya que normalmente soy un fiasco con mis cosas y mis tiempos. Entonces, pensaba que si con suerte me podía mantener a mi misma, cómo cresta me iba a hacer cargo de una criatura que iba a depender al mil por ciento de mi. Pensé muchas veces que no estaba preparada para asumir tanta responsabilidad. O sea en la vida soy bastante responsable (me preocupo de hacer mis cosas, cumplir con la pega, alimentarme bien, etc.), sin embargo ser mamá no estaba dentro de mis planes, sobre todo cuando recién me había casado con mi Mauro después de años de haber convivido juntos. Y aunque sé que muchos piensan que es solo la continuidad de vivir bajo el mismo techo, déjenme decirle que NO ES LO MISMO. Ser esposa te imprime un sello más a una relación, te cambia el switch de pensamiento por completo porque asumes un rol férreo hacia tu familia y puede que suene cliché para algunos, pero el decir: Sí quiero hasta que la muerte nos separe; conlleva una decisión de compromiso muy importante; no tanto por la cháchara de la religión sino por lo que sientes en tu corazón y cómo finalmente decides entregarte por completo a una persona conociendo su lado A, B y C. Por ello, la noticia que mi bebé venía en camino, me hizo tambalear y fue como si me tiraran un gran balde de agua fría (estaba preparada para ser esposa, pero no para ser mamá) y tuve que reunir fuerzas y valentía desde los huesos para enfrentar tanto la enorme tarea que se me iba a venir por delante, así como también enfrentar grandes e integrales cambios de mi vida como lo fue en el plano profesional. 
Quizás la vida me quizo dar una tregua después de haber trabajado por años como una verdadera mula, sacrificando fines de semana, horas de sueño y cuánto más para poder estudiar y perfeccionarme aún más...claramente esos cuatro o cinco años de tanto desgaste me pasaron la cuenta y terminé por desarrollar un trastorno complicado de ansiedad que derivó en crisis de pánico (MARAVILLOSO). Francamente, no sé cómo mierda llegué a ese estado, pero lo que si sé y puedo dar fe que durante todo mi embarazo tuve que darle la pelea tupido y parejo. 
Fue en ese momento donde tuve que guardarme mi cartón de profesional, bajarme de la rueda de la fortuna y asumir que lo más importante en ese momento era mi hija que estaba creciendo en mi vientre, por ello debía ser fuerte y guardar todas mis energías para no usar ningún tipo de ansiolítico que atentara contra su integridad ( tuve que soportar  al menos 5 ó 6 crisis de pánico, sola en casa, apoyándome solamente de mis ejercicios de respiración que aprendí en Yoga). Así que del miedo y al pánico me convertí en Wonder Woman de un suácate y saqué mi embarazo adelante dejando de lado todos mis proyectos laborales que tenía para ese momento; por un año entero colgué el delantal del profe y vi con nostalgia las fotos con mis alumnos y mis colegas más queridos añorando con fuerza estar en una sala de clase como a mi tanto me gusta.
Luego nació mi bollito de amor y la depresión junto con la ansiedad siguieron sentadas en el living de mi casa y con ello nacieron las aprehensiones. Es ahí donde nació también mi segundo GRAN miedo y estoy segura que no soy la única madre en el mundo que lo experimenta; por un lado deseo con todas mis ansias volver a trabajar, tener mi independencia económica como la mujer "emancipada y rebelde" que soy y por otro lado creo que no existe en el mundo otra persona que cuide a mi hija tan bien como lo hago yo (sí, lo reconozco soy una mamá aprehensiva y mega quisquillosa) y es ahí donde literalmente me como hasta las uñas de los pies, pensando en cómo buscar un equilibrio para resolver este dilema, sobre todo, cuando aún me encuentro con la molesta depre postparto.
Le he consultado a mi almohada y a las ovejitas de los sueños, a los horóscopos y a los símbolos que aparecen en mis sueños y solo consigo entrar en más estrés pensando en cuál será mi decisión, pues e trabajar en tiempos de crianza, es un tema muy difícil y conlleva a tomar decisiones drásticas y dolorosas. Bueno, estoy más tiritona que espejo de micro porque no sé qué decisión debo tomar y ese es el punto; he llegado al límite de mi zona de confort y estoy nuevamente aterrada por este nuevo mundo que llega a mi y que me obliga a reinventarme una vez más.
Solo espero que San Guchito, Buddha y Dios me den un palmazo en el traste y me pongan frente a las señales que debo seguir y que los ansiolíticos no vuelvan más a esta vereda de pensamiento, que el diablo se deje de hueviar y enviarme depresiones y demonios pasados y que el angelito Gaibriel me muestre la llave que encaje perfecto para la puerta número 1, 2 y 3  de este gran concurso que es la vida.

sábado, 3 de febrero de 2018

"Bendita" ley de Murphy

Después de haberme pasado miles de rollos referentes a los percances que podían surgir con Victoria por culpa de los supuestos efectos secundarios de la vacuna. No puedo dejar de preguntarme por qué diantres siempre me toca vivir la experiencia que sólo le ocurre a un 10% de la población mundial en una probabilidad de uno entre mil millones de habitantes por metro cuadrado. A veces pienso que estoy algo así como meada de gato o bien la lactancia está haciendo estragos en todo mi sistema , que llego a proyectar eso haciendo que la ley de Murphy se haga presente cuando menos la necesito.
Así fue como nuestras vacaciones familiares estuvieron "bien" y lo digo entre comillas porque fue tanto lo que me preocupé que nuestra bollito de amor no se enfermara que claramente terminé yo enferma la mitad de los días que visitamos el sur.  Llámenlo mala suerte, mala pata, etc; lo cierto es que por tres días no pude comer nada y debía andar casi con una pelela en el auto por culpa de una infame e inesperada gastroenteritis viral. Pff me sentía pésimo, quería morirme y que me enterraran en el jardín botánico de la Universidad Austral, sin embargo, mis deseos suicidas se veían empañados porque pese a mi enfermedad seguía y sigo siendo mamá 24/7. Eso significó que cuando todos dormían, yo intercalaba mis constantes idas al baño junto con darle pecho a mi hija- que para más remate durante los siete días se despertó cada tres horas muerta de hambre como si en todo el día no hubiese probado leche alguna, siendo que ya se había acostumbrado a pedir alimento a las 6:30 de la mañana-. Definitivamente, las madres no tenemos derecho a enfermarnos y si es que eso pasa toca aguantarse como una gran wonder woman y levantarte con la cara llena de risa al otro día cuando la "bendición" se despierta y comienza una nueva jornada. No le doy a nadie estar enfermo de vacaciones, es lo peor de la vida sobre todo cuando hay como 28 grados de sensación térmica y tu cuerpo está con una temperatura que no supera los cinco grados; estado que genera tersianas que te hacen saltar como pez recién capturado del agua y un dolor muscular y óseo nivel dios (PRECIOSO)
Aunque ahora que estoy mejor y ya de vuelta en casa, pienso que fue para mejor y que gracias a Dios  la cochinada me dio a mi y no a la niña, pues aún no estoy preparada para verla enfermita como pollo. Al fin y al cabo, la porquería me duró tres días, pero sobreviví.
En fin, todo este percance me hizo reflexionar y darme cuenta que quizás me he dejado estar, que parezco perra envenená por falta de nutrientes o por volverme una chancha freirina comiendo cochinadas que no me alimentan o qué se yo. Lo único que tengo claro es que me siento débil, estoy quedando pelá (sí, me di cuenta que se me cayeron los pelos de las entradas de la frente) y que cada vez que me miro en el espejo, antes y después de darme una ducha, veo una mezcla entre yegua preñá y vaca lechera, entonces en ese momento trato de hacer vista gorda mientras llegan a mi cabeza recuerdos del cuerpo lindo que tenía antes de quedar encinta. Así que en virtud de la situación y por amor a BUDDHA y a mi familia decidí mandarme yo solita a una nutricionista para ordenar mi sistema y dejar de comer como ¡CHANCHA PEPPA!
Ay, Dios no sé en qué momento perdí la llave del equilibrio y la voluntad para cerrar la boquita y decir que no a los pasteles, helados, galletitas, chocolatitos y wueas que lo único que han hecho es hacer que reviente mi tarjeta débito comprándome ropa que me quede, puesto que la que había adquirido el verano pasado, no me queda (PUTA VIDA) y lo que es peor no falta el acomedido que te dice: "para qué te urges tanto con el peso si al final nunca más vas a volver a tener el cuerpo de antes" y agregan: "lo importante es que eres mamá y que si perdiste tu silueta es porque creaste vida"
¿Saben lo difícil que es decirle a una persona que se ha pasado la mitad de su vida luchando contra el peso, que se calme y que no se preocupe de adelgazar porque nunca más será flaca? Fatal, es lo peor que le pueden decir a una persona que más encima sufre de trastornos de ansiedad. Es como cuando le dices a un cabro chico que no haga una maldad y el niño se manda la embarrá solo porque tú le prohibiste algo. Lo mismo se aplica en mi, mientras más me dicen que es imposible adelgazar, más me empeño en cerrar la boca, hacer ejercicios y modificar mi alimentación. Soy porfiada, lo sé, pero me niego a ser el chanchito de la granja de Olson de por vida, quiero ser mamá pero no quiero verme ni pelada ni guatona; o sea antes  muerta que sencilla.
Bueno, lo cierto es que llevo un mes en el gimnasio, sacándome la mugre con pesas y cardio y con suerte he bajado un puto kilo (al menos, así me lo confirmó la pesa que utilizó la nutricionista) y más encima se supone que de acá a marzo debo reducir mi nivel de grasa...uff me va tocar ser fuerte y no sucumbir ante las delicias culinarias después de haber dado de mamar por una hora. 1, 2, 3 fuerza para mi y por todas mis compañeras. 

viernes, 19 de enero de 2018

Dicen que por donde pecas; pagas: Mamá 0/ Abuela 1




Cuando veo a mi linda niña mirándome con esos tiernos ojos llenos de vida, no puedo más que pensar que algún día ya no serán los mismos. Habrá una mirada más intensa, resuelta y autónoma; una Victoria mujer que me dirá con cara de molestia que no me meta en sus asuntos de la manera más diplomática para que su madre no rompa en llanto. Personalmente, hoy a mis 32 años puedo decir que de alguna manera esto se cumple a cabalidad. Desde que era niña nunca me gustó que me dijeran lo que debía hacer, tal vez por eso nunca me gustaron las clases de técnico manual o de tecnología porque siempre había solo una opción que se debía seguir, cosa que realmente me cargaba. Y bueno luego de pensar esto, me di cuenta de lo que mi madre tuvo que pasar con respecto a mi crianza, tomando en cuenta que para una persona rebelde es bastante difícil seguir las reglas que los demás intentan imponer. Lo cierto es que si bien mi abuelita hizo un gran trabajo en mí, ahora entiendo que esa preocupación en su momento irritó más de una vez a mi mami (no es casualidad que las dos gocemos de un carácter bastante parecido).
Por ello, debo decir que la relación entre mamá e hija cambia en 180 grados cuando llega un bebé a la familia. Las abuelas se transforman en el GOPE  de los niños y a veces hasta rayan en la exageración convirtiéndose en agentes de la CIA, pues quieren controlar y saber todo (¡Ay , de ti que se te olvide mandarles fotos del nieto/a por el WhatsApp!) lo que realmente termina por sacar los choros del canasto.
Sin embargo, esta regla de: "por donde pecas, pagas" a veces también te aterriza y te hace bajar las revoluciones; te humaniza ,y porqué no decirlo también, te da una cuota de humildad para aceptar ,que sea como sea, nuestras madres nos llevan la delantera y saben muchas cosas que una como primeriza no entiende.
Bueno pese a lo irritante que puede llegar a ser pelearse con la mamá por la cría, también se agradece que ellas amen a tu "bendición" y al final entiendes que "si quieren y adoran a tu princesa, es como si te estuvieran haciendo cariño multiplicado por tres". 
Al final, es ley de vida pasar por este tipo de cosas y ahora que lo pienso creo que no sé si sería capaz de pasar por algo así (tal vez es porque aún mi hija es muy pequeña y faltan años luz para que sea mamá). ¡Pobre mami que tuvo que bancarse mi mala onda de leona en celo por su cachorra!, creo que con suerte alcanzó a darse cuenta del vociferador que le envié. Pero, aunque parezca difícil de reconocer, yo sé que fui muy dura porque tengo miedo y este sentimiento es más que legítimo sobre todo cuando una está en plena crianza. TE DA MIEDO QUE EL DÍA QUE RETES A TU HIJA DELANTE DE SU ABUELA, ÉSTA SE QUIERA INMISCUIR, TE QUITEN AUTORIDAD Y UNA TERMINE ENEMISTADA CON LA MAMÁ (sobretodo si costó tanto construir una buena relación). Ese es mi miedo.
Tal vez me estoy anticipando a un hecho que nunca vaya a ocurrir, tal vez mi madre sea la primera que le diga: "mijita hágale caso a su mamá en lo que le está diciendo", tal vez esta cuestión solo ocurra en mis sueños retorcidos. Sea como sea, esta cuestión me da miedo y preciso  mantener siempre a raya esta situación por si las moscas.
En fin, lo único que tengo claro es que no me conviene ni me apetece herir los sentimientos de mi mami porque es una gran abuela y un gran apoyo en este camino nuevo. Tampoco me molesta compartir a mi Victoria con ella; solo tengo miedo que la tortilla se dé la vuelta y que en unos años más yo tenga que auto enjugar mis lágrimas cuando mi hija me pare el carro y me diga que ella es la que manda y que sabe cómo criar a sus hijos. (Dejá Vú).


miércoles, 3 de enero de 2018

Bebes Inc. Los mejores inventos para facilitar la vida de mamá






Nunca pensé que tener un hijo te iba a sumergir en un nuevo mundo tan complejamente genial. Lo digo de esta manera porque ahora que mi bebita está ad portas de cumplir 4 meses, nosotros como papis nos hemos visto en la obligación de supervisar su "educación" comprándole todo tipos de admenículos que realmente te cambian la vida.
La verdad es que aún no somos capaces de explicar cómo fue que sobrellevamos los primeros meses de Victoria sin estas cosas que son bastante útiles. Por ello, en vísperas de navidad decidimos hacerle un regalo bello a nuestra bollito de amor , pensando también en que logre despegarse un poquito de nosotros y que comience a entretenerse solita, así que fuimos a la tienda de bebes y le compramos una sillita mecedora que la hace dormir con música de fondo, vibración y balanceo (MARAVILLOSO). 

 No sé porqué DIANTRES no se nos ocurrió antes comprarle esta sillita y si lo hubiéramos hecho , quizás cuantos malos ratos se hubiesen evitado, sobre todo en lo que concierne a sentarse a la mesa y comer tranquilamente mientras la nena está en su mini spa tratando de quedarse dormida con la canción de cuna más conocida adaptada a un sonido de xilófono que hace dormir a cualquiera. En fin, lo cierto es que desde que tenemos aquélla adquisición para la cría, hace una semana más menos, nosotros podemos disfrutar de una grata charla y momento de degustar nuestros alimentos sin lloriqueos ni pataletas de la bendición tratando de convencernos para que la carguemos en brazos, sentarla con nosotros en el regazo de mamá o papá y vernos obligados a comer con la mano izquierda.

Luego, en navidad, mi tía le hizo otro regalo más que útil y práctico para nuestra retoña: un gimnasio para bebés. Cuando abrimos la cajita y le instalamos uno a uno los monitos para montarlo, Victoria movía sus patitas con energía fascinada con su nuevo juguete. El resultado fue que la bebé logró entretenerse sola por casi una hora moviendo su cuerpito y haciendo sonar los móviles. De hecho, después de este entretenido juego se quedó plácidamente dormida y estirada en la alfombra de animalitos multicolor. Desde ese instante, mamá puede hacer muchas cosas mientras la bebita juega: se puede duchar, comer, lavar la ropa, escribir o hasta leer un libro. ¡Es realmente maravilloso!

Otro invento que yo miraba bastante a huevo, y por qué no decirlo me daba miedo comprar uno, puesto que en todas las películas de terror muestran espíritus que molestan a los bebés mientras duermen,son los monitores con cámara y luz nocturna. Les juro que me auto cacheteo, le aplaudo miles de veces y le hago miles de queques al genio que se le ocurrió esta idea. Gracias a este aparatito pudimos celebrar la noche del 24 y el 31 de diciembre tranquilos con la posibilidad de vigilar en todo momento a la bollito mientras dormía. La cuestioncita finalmente fue la mejor inversión de la vida.

No me puedo imaginar qué otras cosas debe haber en el mercado que serán capaces de sorprendernos aún más. Definitivamente, los bolsillos y las tarjetas tiemblan cada vez que nos ponemos a mirar por internet más juguetes para la bollito y que sean eficaces para que se desarrolle y se estimule correctamente. De hecho, estoy resuelta a crear algunos juguetitos para ella con mis propias manos (tal como lo hice con su primer móvil de felpa que confeccioné durante todo mi embarazo) con muchas texturas para estimulación temprana; así que estoy viendo videos tutoriales en YouTube para ver qué tal. Quizás así podemos ahorrarnos algunas luquitas (jajaja qué lindo que es soñar, soñar no cuesta nada) Todo dependerá si la bendición decide portarse bien por un ratito y me deje hacer mis artes manuales (difícil, pero no imposible).

Hoy sin ir más lejos, y en este preciso momento que me dedico a escribir esta columna, bollito acaba de descubrir un cuarto aparato para su entretención: mi computador. Insiste en que la siente en mis piernas y la deje ver lo que hago con mis dedos, la tecla y la pantalla. No sé si le llama la atención el sonido de las teclas o es que le encanta ver cómo aparece una a una las letras en la pantalla. Lo cierto es que le entretiene ver a mami concentrada y eso la seduce a tal punto que debe dejar todo lo que está haciendo para "sapear" y meter sus pequeños deditos en el cursor del notebook una y otra vez.
(Creo que solo en algunos días, los momentos de gloria existen y en otros no tanto)





jueves, 28 de diciembre de 2017

Vacaciones familiares= planificación obligada


Este es el primer año que no saldremos solos de vacaciones, pues la bollito de amor se instaló en nuestras vidas y eso trajo consigo muchos cambios en los que en materia de viajes no fue la excepción. Creo, no mejor dicho, afirmo que es la PRIMERA VEZ  que tenemos nuestra estadía lista incluyendo pasajes, alojamiento y hasta itinerario para disfrutar juntos en el sur. Por lo que ante esto solo me queda pensar que si no fuera por mi maternidad y la existencia de la bebe, probablemente estaríamos comprando pasajes carísimos y haciendo todo apurados. Pero no, en esta instancia ya está todo listo después de realizar un cuidadoso "estudio de mercado" para elegir todo a precio huevo.
Normalmente, mi pelaito armaba todo y terminaba más estresado y tiritón que espejo de micro. Por ello y en función del tiempo libre que tengo, le propuse hacerme yo cargo este año de todo, mientras él coordina solo los toques finales.

Ante esta idea, debo decir que me siento orgullosa y hasta una mami cachilupi porque en dos días ideé circuitos turísticos aptos para nuestra familia, todo para que la bendición lo pase genial con papi y mami. Sí, porque lo cierto es que planear vacaciones familiares requiere de un ojo de lupa para lograr que todo cuadre. Ya no sirve buscar solamente opiniones en TriAdvisor, no, es necesario leer mucho y buscar panoramas en donde se pueda disfrutar con los niños. Así que en este 2018 nos despedimos de los tours nocturnos, la bohemia y las levantadas tarde para poder explorar un mundo distinto, el mundo de la gente NORMAL. Digo normal porque de todas las veces que hemos viajado típico que nuestro día partía a eso de las dos de la tarde y sonábamos inmediatamente con el servicio de desayuno continental. Entonces, no importaba si pagábamos un Bed and breakfast, un hostal u hotel con derecho a desayuno, siempre perdíamos la mitad de este beneficio por culpa de nuestra maldita flojera y por acostarnos indecentemente tarde (entre 4 y 5 de la madrugada luego de una noche de música, sexo y alcohol al más puro estilo de los rockeros).

Esta vez no, adiós cama grande para nosotros solos, adiós bares, adiós vida nocturna y HOLA levantadas a las ocho de la mañana, desayunos continentales, almuerzos y cenas. Ahora el real desafío es lograr que el día cunda como para hacer todo lo que se pueda hasta antes de las nueve de la noche; horario en que la bebé comienza a entregarse a los brazos de Morfeo atornillada a la tetita de mamá.
¡Ay Dios, cómo nos cambia la vida! Qué distinto será esta vez viajar al sur después de la última vez que lo visitamos. No niego que estoy felíz de compartir esto con mi bollito, pero mis deseos de hacer rafting se fueron por el excusado en tres tiempos. Ahora sólo me queda esperar que la bebé crezca y algún día me quiera acompañar en una de estas aventuras por los rápidos de la región de los Lagos.

Así que esta vez abusaremos del tiempo diurno, nos permitiremos chanchear y bañarnos en termas con la gorda chica y relajarnos a la fuerza, mientras dejamos la adrenalina de lado por un par de años.
Por otro lado, y ahora que lo pienso detenidamente, el tema de las maletas será otro tongo, ya que la mona chica usará más de tres cuartas partes de la maleta con solo sus cositas (monitor, juguetitos, pañales, leche, ropita, etc) e incluso habrá que buscarle espacio a su gran carruaje rojo en el avión, y es más, deberemos buscar un auto que tenga servicio de sillas para niños, pues la seguridad de éstos es oro. Al final, sumando y restando solo me queda por pensar dónde cresta meteré mi ropa, mis zapatos, mis cosas y mis souvenirs o peor aún, dónde meteré la ropa de mi marido (típico problema a la hora de hacer las maletas, puesto que nunca me mido en la cantidad de ropa y zapatos que llevo para viajar). Uf, nada que hacer me tocará pasar otro día haciendo una lista de las cosas necesarias para las vacaciones y planificar incluso hasta cuántos calzones debo llevar. Creo que será la única manera que todos salgamos invictos en este primer viaje con la misia Victoria.

Nota mental para mí: No olvides llevar tu traje de baño de una pieza y por favor recuerda que comenzaste a ir al gym para bajar de peso.

martes, 26 de diciembre de 2017

Navidad en casa con la "bendición"

Este año por primera vez fue un caos planear la navidad, no tanto por las compras de regalos o ingredientes para la cena, sino más bien en lo que se refiere a ponerse de acuerdo con el marido (que por cierto es el Grinch andante) para saber simplemente lo que íbamos a hacer para estas fiestas de fin de año. Partí la semana previa a Navidad preguntando:
¿Qué te tinca que hagamos para navidad? pregunta a la que siempre contestaba con un dejo de bonaerense al peo : y no sé boluda, pensá tú que shoooo no tengo ganas de pensar ahora tengo hambre...

Qué terrible es lidiar con un hombre que ya se lo llevan los leones de hambre y que más encima deteste la navidad, sobre todo cuando la otra persona se vuelve como cabra chica ante estas festividades y se imagina la mesa té club llenita con la familia y todos felices conversando y comiendo cosas ricas engalanados con un gran arbolito de pascua y uno que otro villancico de Luis Miguel o Michael Bubblé sonando de fondo. Lo cierto es que ante esta actitud grinchiana, esta mamá 3D se propuso tomar el toro por las astas y ante tal negatividad desplegó sus dotes de convencimiento diciendo lo siguiente:

Amor, ya es hora que comiences a amar la navidad porque ahora tenemos una hijita y los niños adoran estas fiestas, los villancicos, la llegada del viejito pascuero, las galletitas de jengibre y compartir en familia. Debes armarte de paciencia y hacerlo por ella.

Él con su cara de poco convencimiento, me dice: Mi amor, la niña está chica y con suerte se va a dar cuenta que existe el famoso viejo pascuero. 

Yo que a esas alturas ya tenía la vena del cuello más que hinchada vocifero: En esta casa vive el espíritu navideño, hay un árbol enorme y uno chico para la niña, yo ya tengo las recetas de tartas para hacer para el 25, ya compré tu regalo y el de la bebé y además ya coordiné con tu mamá y mi mamá los días que vendrá cada una a casa para celebrar juntos. Si no quieres cena de navidad, se hace un picoteo rico mientras vemos en la televisión Mi pobre angelito 2 esperando las doce porque es tradición y punto.

Ante una aseveración de este tipo no le quedó otra que aprender a disfrutar de la navidad y unirse a mis caprichos de esposa ideal cincuentera con la familia felíz y las gatas revoloteando en el living. Finalmente, logré que se empapara con algo del espíritu navideño y tanto fue mi poder de convencimiento que partimos a la tienda de artículos para bebé del mall y compramos un monitor con luz nocturna para vigilar a la nenita en la noche del 24, mientras nosotros celebrábamos nuestra primera navidad juntos como ESPOSOS.
Todo salió espectacular, disfrutamos como cabros chicos de nuestros regalitos, nos regaloneamos y compartimos con mis suegros; todo maravilloso hasta que nos fuimos a acostar muy de madrugada y en menos de cinco minutos "la bendición" de la casa se despertó de muy mal humor y cagá de hambre aleteando con fuerza y rabia reclamando su tetita con leche calientita. En ese momento entendí que la vida nos ha cambiado en 180 grados, que tuve que guardarme los deseos locos de dormir abrazadita al marido hasta el otro día, y en lugar de eso, tuve que alimentar a mi hija; botarle los chanchitos, mudarla y hacerla dormir para que despertara con mucha energía a las ocho de la mañana con más hambre y cagada hasta la espalda mientras mami sólo podía pensar en dormir y dormir.

Por eso, me atrevo a decir que el 25 de diciembre fue un día aún más distinto: Hubo un desayuno familiar en el comedor de la casa, luego se vino el baño de la gorda, luego preparar papa y dar pechuga, hacer dormir a la gorda, rabear con la gorda y lograr que hiciera su seuda siesta para poder preparar el almuerzo que degustamos recién a las tres de la tarde, bañarnos y ponerme ropita linda para recibir a nuestros invitados, pero luciendo una cara de poto y de trasnochada "ideal para sacarse fotos".

Sin embargo, fuera de todo este ajetreo logramos pasarlo bien y salir invictos de la primera navidad con la gordita y por supuesto ella aprendió a jugar con sus regalitos y a recibir a sus nuevos amiguitos inanimados de felpa.

Ahora solo me queda pensar en cómo terminaremos el 31 de diciembre, en las condiciones en que daré pechuga y en cómo se verá mi rostro el 1 de enero.




Lactancia, tarea honorable de las "mamiiiiiiiiiitaaaaaaas"

Todos hablan y se abanican con el tema de la lactancia, que es linda, que es maravillosa, que es la expresión del ser mamífero, que es u...